domingo, 11 de marzo de 2007
Películas malas
-Padre le he pegado a mi esposa
-Comadreo mucho
-Meto mucho mal en mi casa
-Le miento a mis papás
Lo mismo... mismos golpes, misma chismosa, mismas mentiras. catorce horas sentado escuchando y recetando entre bostezos la pócima mágica de redención: Tres aves Marías para la chismosa, cinco y un padre nuestro para golpeador y uno de cada rezo para el mentiroso.
Entre los ojos medio abiertos, medio cerrados, un señor se acerca, persigna y dice:
-Padre, la he metido en todo lugar donde pueda meterse
"En la madre" despierta el padre de inmediato ante la nueva confesión
-Con mi vecina, a mis cuñadas, con mi comadre, a mis hermanas, a mi vieja
-Hermano lo de tu esposa está bien pero con las demás esta muy mal, fuera de regla, ¿tu esposa sabe?
-A veces participa
"Chin... este sí que está de pinga liviana" -No hermano evita ese tipo de actos lujuriosos y pecaminosos, Dios recomienda evitarlos, y lo que Dios recomienda manda, así que no los hagas más. Como penitencia reza cinco rosarios y cada vez que quieras entrar en pecado reza y dos para que tengas tu mente ocupada de esas cosas
En la fila seguía un niño que más cara de puberto tiene, se hinca ante el representante deítico y con un susurro característico de los traviesos encontrados en la trevesura dice:
-Padre, he visto películas malas
"Zas este niño ya le esta entrando a las estiradas olímpicas, pero cómo es posible, esos pinches militares han de ser los que venden esas porquerías, primero el señor y ahora éste mocoso, el pueblo se va a llenar de más criaturas por lujurientos como estos..." -¿Las ves frecuentemente?
-Cuando mi mamá no está. Se ve de todo y me gusta
"Este niño depravado..." -No hijo, piensa en tu madre, en tus hermanas, las ofendes cuando ves esas películas, haces mal, porque ellas merecen tu respeto, y la mujer no es una cosa que puedas ver cada vez que quieras.
El niño inocente dice -Si padre, perdón, ya no veré más esas pelíclas malas que mucha guerra sólo enseñan.
"Niño tonto esas no son películas malas, largate y reza" -diez aves marías, diez padres nuestros y veinte rosarios- "por hacerme perder el tiempo".
jueves, 8 de marzo de 2007
Declarar y confesar
El acto de confesar es personalísimo y no siempre es para decir la verdad. Conocí a un tipo que, mientras buscaba en una carpeta un documento bancario, se encontró con papelitos sueltos y servilletas sucias que guardaban teléfonos de amores incompletos y dibujitos de ocio. Él buscaba números que coincidieran con un número de cuenta, signos en particular, pero sus ojos encontraban manuales incompletos, clínicas, se refugia en un centro de rehabilitación, cocina económica doña mary, halls, precio unitario, Canadá para todos, espero que sientas, Colón esquina 3 poniente, se agregan cien gramos de epazote, 16 de octubre... No, no es, ¿dónde está?
Lanzó una voluta de humo.
El espejo lo encaneció más de lo acostumbrado, se lavó la cara y las canas no se marcharon, tampoco él. Los ojos rojizos no se pudieron contener más y le lloraron, hasta parecía que no quería llorar, se aguantaba, se entrecortaba la respiración con un chillido que él percibía perfectamente y sin hacer mucho caso de ello se tendió en un rincón del baño para llorar a gusto. Alguien entró al departamento, era Eunice con las llaves en la mano y un qué haces ahí y él se limpió la nariz con el brazo. Ella se quitó las gafas oscuras y sonrío porque imagino que te ves patético, discúlpame Julito, no es para tanto, pensé yo también y le ayudó a incorporarse para llevarlo a la cama a tientas.
Es imposible encontrar total verosimilitud cuando se habla de uno mismo, sacó un papel del montón, él se encerró en las últimas palabras sin pensar en lo que querían decir, posiblemente por decir cualquier cosa quiso decir que eso es bueno, entonces no te preocupes y voy a creerte las mentiras, Julito, porque hemos acordado mentirnos porque no podemos disociarnos del sentimiento de poder que implica mentir y eres tan machista que sabes que sólo así me pongo debajo de tu nivel, sería difícil que... Y él la miró en silencio para interrumpirla y con su mirada siguió hurgando entre los papeles, porque el tipo era muy urbano, muy organizado y se le caía el mundo por papelito del banco que no encontraba y ella no lo miraba con curiosidad como esperando a que encontrara el papel para imaginar la reacción que él tendría.
Vi que soltó otra bocanada.
No soy una golfa, Julito, mis actos son de emancipación, mis recuerdos ni siquiera los puedo ver. A mí también me buscan porque dicen que además no estoy muy bien de la cabeza; antisocial, antiglobalifóbica, antiromántica, invidente pero cuasikamasútrica y sugerente. Tú eres disciplinado, sistemático, práctico y él tomó una pluma y se la encajé en la pierna porque me está confundiendo, yo no me llamo Julito, pero tampoco le dije quién soy.
Ella gritaba, qué te pasa Julio porque le propinó dos cachetazos, dónde está la clave de seguridad, gritó él y ella entendió todo pero no pudo ver nada, se sumió en una segunda oscuridad que no pudo diferenciar de la primera. El tipo arrastró el cuerpo al patio del departamento y lo colocó al lado del de Julio. Fue al baño y rompió el espejo.
El tipo apagó el cigarro que le regalé y se lo llevaron dos guardias para declarar.