El acto de confesar es personalísimo y no siempre es para decir la verdad. Conocí a un tipo que, mientras buscaba en una carpeta un documento bancario, se encontró con papelitos sueltos y servilletas sucias que guardaban teléfonos de amores incompletos y dibujitos de ocio. Él buscaba números que coincidieran con un número de cuenta, signos en particular, pero sus ojos encontraban manuales incompletos, clínicas, se refugia en un centro de rehabilitación, cocina económica doña mary, halls, precio unitario, Canadá para todos, espero que sientas, Colón esquina 3 poniente, se agregan cien gramos de epazote, 16 de octubre... No, no es, ¿dónde está?
Lanzó una voluta de humo.
El espejo lo encaneció más de lo acostumbrado, se lavó la cara y las canas no se marcharon, tampoco él. Los ojos rojizos no se pudieron contener más y le lloraron, hasta parecía que no quería llorar, se aguantaba, se entrecortaba la respiración con un chillido que él percibía perfectamente y sin hacer mucho caso de ello se tendió en un rincón del baño para llorar a gusto. Alguien entró al departamento, era Eunice con las llaves en la mano y un qué haces ahí y él se limpió la nariz con el brazo. Ella se quitó las gafas oscuras y sonrío porque imagino que te ves patético, discúlpame Julito, no es para tanto, pensé yo también y le ayudó a incorporarse para llevarlo a la cama a tientas.
Es imposible encontrar total verosimilitud cuando se habla de uno mismo, sacó un papel del montón, él se encerró en las últimas palabras sin pensar en lo que querían decir, posiblemente por decir cualquier cosa quiso decir que eso es bueno, entonces no te preocupes y voy a creerte las mentiras, Julito, porque hemos acordado mentirnos porque no podemos disociarnos del sentimiento de poder que implica mentir y eres tan machista que sabes que sólo así me pongo debajo de tu nivel, sería difícil que... Y él la miró en silencio para interrumpirla y con su mirada siguió hurgando entre los papeles, porque el tipo era muy urbano, muy organizado y se le caía el mundo por papelito del banco que no encontraba y ella no lo miraba con curiosidad como esperando a que encontrara el papel para imaginar la reacción que él tendría.
Vi que soltó otra bocanada.
No soy una golfa, Julito, mis actos son de emancipación, mis recuerdos ni siquiera los puedo ver. A mí también me buscan porque dicen que además no estoy muy bien de la cabeza; antisocial, antiglobalifóbica, antiromántica, invidente pero cuasikamasútrica y sugerente. Tú eres disciplinado, sistemático, práctico y él tomó una pluma y se la encajé en la pierna porque me está confundiendo, yo no me llamo Julito, pero tampoco le dije quién soy.
Ella gritaba, qué te pasa Julio porque le propinó dos cachetazos, dónde está la clave de seguridad, gritó él y ella entendió todo pero no pudo ver nada, se sumió en una segunda oscuridad que no pudo diferenciar de la primera. El tipo arrastró el cuerpo al patio del departamento y lo colocó al lado del de Julio. Fue al baño y rompió el espejo.
El tipo apagó el cigarro que le regalé y se lo llevaron dos guardias para declarar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario