domingo, 29 de mayo de 2011
Home Sweet Home
Pero el resto es feliz, porque mi nombre en mi lengua es casi como decir piensa mucho piensa y todos creen que voy a ser inteligente, pero de eso no se trata, sino de recordar que nos regresan porque no sabemos su lengua, que para ellos nosotros somos huiros que en tiempos de trabajo ponemos a nuestros hijos a hacer sombreros y también los llevamos a venderlos. Pero yo no tengo hijos porque no hay mujer que quiera aceptar mi nombre, que ni es di la ciudad sino di más lejos. Que porque aunque casi significa piensa mucho piensa, en verdad no significa nada ni tendrá un significado.
Cuando lo pienso, en nuestra lengua, si queremos decir mañana, tenemos que decir mañana porque nuestra lengua no entiende todavía muy bien ese concepto. Ni el de lejos ni el de más tarde. No tenemos más significados que el de nuestro nombre y el de la tonan, los demás sólo son ahora los de la ciudad.
sábado, 13 de octubre de 2007
El zorrillo
- ¿Habla?
- Sí, lo escuchaste.
- Es un zorrillo...
- Pero dice venir a ayudarnos.
- No le creo, demasiado dramático ¿no has visto como mira a las doncellas?
- No importa, trae un mensaje importante, habla sobre el enviado de Ah Puch...
- Si habla ¿por qué no lo hace como lo hacemos tú y yo ahora?
- Sí, pero dinos ¿quién es el enviado?
Supieron todos sobre el enviado y nadie lo ofendió, pero nadie lo acogía en su casa. Entonces bajó la cara, pesaba mucho la noche estrellada, un fulgor naranja susurrabale esperanzas: lo que antes era juego de ingenio, ahora es dictadura de adormidera.
Otro día soñó que caminaba por una jungla dividida por un río que corría entre la mierda y para no ensuciarse aprendió a caminar, y cuando despertó se hizo hombre aquél.
viernes, 29 de junio de 2007
Alopecia
Cansado del continuo fracaso, el hombre se sentó a la orilla del río a llorar. A lo lejos, vio a un zorro correr. Al observarlo, notó que iba dejando un rastro de pelo a su paso. En un acto instintivo (pues pensar era un instinto en el hombre) se rascó la cabeza y un par de cabellos se desprendieron de ella. Desde entonces, el hombre vive feliz, pues ha encontrado formas menos nocivas de construirse poco a poco.
jueves, 12 de abril de 2007
Caso 426
Sí, señor, ella estaba desnuda en aquel momento, con luces tibias y, como leí en algún lugar, con cara de golosa y moviendo las piernas de forma invitadora. Bueno, sí, estaba cubierta con una tela delgada que cayó al suelo en cuanto entré, pero su cuerpo seguía viéndose lisito, como si otra telita estuviera tan untada que sentí cómo se desgarraba en la primera caricia, hasta esperaba que de esa rasgadura le saliera lo de adentro, rojito como granada. Y yo al punto de condón, como le llamamos la otra vez que su entrepierna quedó oliendo a hule, como si en todo el rato hubiéramos buscado la forma de hacer un perrito, una espada o un nuevo tipo de sombrero.
Todo iba bien, pero puede ver que todavía tengo marcada la bofetada y créame, señor, que parte de la cara me arde cuando abro la boca. Si no le hubiera dicho nada, quizá en estos momentos lo que tuviera un tono rojizo serían sus nalgas y yo estaría disfrutando de los movimientos apretados de esas piernas, ahora sí, dulces y aciditas como Sugus sabor a piña colada. Pero tenía que arruinarlo todo y quitárselo como si fuera de los normalitos. Y luego vino la queja que no pude escuchar por andar moviendo la lengua, y los brazos queriendo hacer campo entre las piernas que se cerraban, y el pulgar colocado donde me dijo que le gustaba y otra queja y un déjate querer y una cachetada que me ha dejado zumbando el oído.
Pero hay que entenderla, pues. Se había comprado para mí esta ropita que ahora traigo aquí en la bolsa, que porque quería que mi boca se entretuviera como todo un caballero, pero la verdad es que si no me apuro comienzo a decir guarradas y por eso prefiero ser rápido, golpear aquí, besar acá, jugar con su pelo y mirarla a los ojos y acomodarle una buena y vámonos, a ver la novela o a comprar tacos.
¿Todavía se me nota? Pues está fresquecita. Luego luego me vine acá a avisarle para que me ayude a manejarla como le hicimos con la otra, ahí la tengo en el carro, amarrada y puesta en el asiento de atrás como si estuviera dormidita…
domingo, 11 de marzo de 2007
Películas malas
-Padre le he pegado a mi esposa
-Comadreo mucho
-Meto mucho mal en mi casa
-Le miento a mis papás
Lo mismo... mismos golpes, misma chismosa, mismas mentiras. catorce horas sentado escuchando y recetando entre bostezos la pócima mágica de redención: Tres aves Marías para la chismosa, cinco y un padre nuestro para golpeador y uno de cada rezo para el mentiroso.
Entre los ojos medio abiertos, medio cerrados, un señor se acerca, persigna y dice:
-Padre, la he metido en todo lugar donde pueda meterse
"En la madre" despierta el padre de inmediato ante la nueva confesión
-Con mi vecina, a mis cuñadas, con mi comadre, a mis hermanas, a mi vieja
-Hermano lo de tu esposa está bien pero con las demás esta muy mal, fuera de regla, ¿tu esposa sabe?
-A veces participa
"Chin... este sí que está de pinga liviana" -No hermano evita ese tipo de actos lujuriosos y pecaminosos, Dios recomienda evitarlos, y lo que Dios recomienda manda, así que no los hagas más. Como penitencia reza cinco rosarios y cada vez que quieras entrar en pecado reza y dos para que tengas tu mente ocupada de esas cosas
En la fila seguía un niño que más cara de puberto tiene, se hinca ante el representante deítico y con un susurro característico de los traviesos encontrados en la trevesura dice:
-Padre, he visto películas malas
"Zas este niño ya le esta entrando a las estiradas olímpicas, pero cómo es posible, esos pinches militares han de ser los que venden esas porquerías, primero el señor y ahora éste mocoso, el pueblo se va a llenar de más criaturas por lujurientos como estos..." -¿Las ves frecuentemente?
-Cuando mi mamá no está. Se ve de todo y me gusta
"Este niño depravado..." -No hijo, piensa en tu madre, en tus hermanas, las ofendes cuando ves esas películas, haces mal, porque ellas merecen tu respeto, y la mujer no es una cosa que puedas ver cada vez que quieras.
El niño inocente dice -Si padre, perdón, ya no veré más esas pelíclas malas que mucha guerra sólo enseñan.
"Niño tonto esas no son películas malas, largate y reza" -diez aves marías, diez padres nuestros y veinte rosarios- "por hacerme perder el tiempo".
jueves, 8 de marzo de 2007
Declarar y confesar
El acto de confesar es personalísimo y no siempre es para decir la verdad. Conocí a un tipo que, mientras buscaba en una carpeta un documento bancario, se encontró con papelitos sueltos y servilletas sucias que guardaban teléfonos de amores incompletos y dibujitos de ocio. Él buscaba números que coincidieran con un número de cuenta, signos en particular, pero sus ojos encontraban manuales incompletos, clínicas, se refugia en un centro de rehabilitación, cocina económica doña mary, halls, precio unitario, Canadá para todos, espero que sientas, Colón esquina 3 poniente, se agregan cien gramos de epazote, 16 de octubre... No, no es, ¿dónde está?
Lanzó una voluta de humo.
El espejo lo encaneció más de lo acostumbrado, se lavó la cara y las canas no se marcharon, tampoco él. Los ojos rojizos no se pudieron contener más y le lloraron, hasta parecía que no quería llorar, se aguantaba, se entrecortaba la respiración con un chillido que él percibía perfectamente y sin hacer mucho caso de ello se tendió en un rincón del baño para llorar a gusto. Alguien entró al departamento, era Eunice con las llaves en la mano y un qué haces ahí y él se limpió la nariz con el brazo. Ella se quitó las gafas oscuras y sonrío porque imagino que te ves patético, discúlpame Julito, no es para tanto, pensé yo también y le ayudó a incorporarse para llevarlo a la cama a tientas.
Es imposible encontrar total verosimilitud cuando se habla de uno mismo, sacó un papel del montón, él se encerró en las últimas palabras sin pensar en lo que querían decir, posiblemente por decir cualquier cosa quiso decir que eso es bueno, entonces no te preocupes y voy a creerte las mentiras, Julito, porque hemos acordado mentirnos porque no podemos disociarnos del sentimiento de poder que implica mentir y eres tan machista que sabes que sólo así me pongo debajo de tu nivel, sería difícil que... Y él la miró en silencio para interrumpirla y con su mirada siguió hurgando entre los papeles, porque el tipo era muy urbano, muy organizado y se le caía el mundo por papelito del banco que no encontraba y ella no lo miraba con curiosidad como esperando a que encontrara el papel para imaginar la reacción que él tendría.
Vi que soltó otra bocanada.
No soy una golfa, Julito, mis actos son de emancipación, mis recuerdos ni siquiera los puedo ver. A mí también me buscan porque dicen que además no estoy muy bien de la cabeza; antisocial, antiglobalifóbica, antiromántica, invidente pero cuasikamasútrica y sugerente. Tú eres disciplinado, sistemático, práctico y él tomó una pluma y se la encajé en la pierna porque me está confundiendo, yo no me llamo Julito, pero tampoco le dije quién soy.
Ella gritaba, qué te pasa Julio porque le propinó dos cachetazos, dónde está la clave de seguridad, gritó él y ella entendió todo pero no pudo ver nada, se sumió en una segunda oscuridad que no pudo diferenciar de la primera. El tipo arrastró el cuerpo al patio del departamento y lo colocó al lado del de Julio. Fue al baño y rompió el espejo.
El tipo apagó el cigarro que le regalé y se lo llevaron dos guardias para declarar.
miércoles, 21 de febrero de 2007
El disimulado
Ahora que me miro en el espejo comprendo que desde mi nacimiento estoy condenado a ser ordinario. Crecí con la misma historia que todos, con una educación básica que me permitió encontrar trabajo en mi juventud sin dificultad para comprarme cositas innecesarias que me daban la seguridad suficiente para burlarme de la incredulidad de mi padre a sus cincuenta años, cuando el viejo no entendía el por qué tenía un manojo de pelo en la mano cuando se peinaba.
Yo salía con Susanita en ese entonces y desarrollé habilidad en la pelvis y se me notaba un músculo indiscreto en las nalgas; lo único que podía detener ese desarrollo muscular era el jalón de greñas que Susanita me propinaba para que me detuviera, para saber que había terminado de usarme y dejarme sin dinero, sin amigos y sin nada.
Todo igual que todos. Me quise sentir moderno y evité eso del matrimonio, me quise sentir joven y evité las advertencias sobre lo inevitable de la herencia biológica. Me hice el disimulado y ahí empezó el problema con las frases: mi hermano fue el primero en decírmelo. "Quiobo, mi disimulado", me decía cada que iba a visitar la casa de mis padres (donde vivo todavía, al viejo se lo comió el cáncer), hasta que me harté y le pregunté por qué me decía así, "es que TE PASAS DE FRENTE" y caí en cuenta...
Lo cruel es cuando los amigos y familiares le toman más importancia que uno mismo y cuando podrían saludarte y hablar sobre el pinchi gobierno o el fútbol, abren la charla con... con eso.
Juan, solterón y calvo. Pude contener la histeria hasta que mi persona funcionaba como punto de referencia "Sí, mira, Rodríguez es aquél de camisa roja; de donde está ese pelón a la derecha" y ni qué decir de los chistes a mis costillas.
Como todos a los que les preocupa el aspecto físico (ya no digamos lo estético, que busca sus caprichos y no llegaba yo a exigir tanto) intenté de todo, desde los champús de chile que te sacan pelo (¿entonces los champús de pelo te sacan...?) hasta los injertos, pero, aquellos a quienes había visto tan desesperados para hacerlo, me hicieron desistir, yo no quería parecer muñeca de basurero con esos puntos horribles que ponen en evidencia el desperdicio de dignidad...
Leí, lloré, ya no amé y el pelo seguía su inevitable camino hacia el suelo. Médicos, tratamientos que aparecían en revistas, peluquín, boinas... Llegó el láser, es verdad, pero también funcionaba para la depilación, así que no lo tomé en cuenta.
Un día mi hermano se enojó con su esposa y me invitó a tomar unas copas en un bar. Vi a Susanita con su esposo, ella tiene unas caderas suculentas y él una melena que seguramente ella jalonea salvajemente. No le dije nada a mi hermano, quien me dio una recomendación para enmendar su comentario de hace años.
Me lo tomo de buena gana, porque, gracias a mi hermano, he llegado a una conclusión: no es que esté pelón, lo que sucede es que me creció la cara, tengo la cara muy grande. Ese hijo de su desdeñosa madre también tiene lo suyo: no es narizón, tiene la cara muy pa trás.
Lex Luthor, Gandhi, Salinas de Gortari y miles de etcéteras, por lo menos son famosos. Yo soy Juan y la leucemia que me cargo también es insoportable.
lunes, 19 de febrero de 2007
Mujeres Calvas, Jalisco
Por mi parte, es todo.