No entiendo qué hay de malo en esa palabra, señor. En francés incluso suena como una palabra tierna, infantil, casi dan ganas de exagerar el acento y y sonreír y fruncir más la nariz mientras se pronuncia. Además, mire que ella la dijo y ella es la que siempre me la dice.
Sí, señor, ella estaba desnuda en aquel momento, con luces tibias y, como leí en algún lugar, con cara de golosa y moviendo las piernas de forma invitadora. Bueno, sí, estaba cubierta con una tela delgada que cayó al suelo en cuanto entré, pero su cuerpo seguía viéndose lisito, como si otra telita estuviera tan untada que sentí cómo se desgarraba en la primera caricia, hasta esperaba que de esa rasgadura le saliera lo de adentro, rojito como granada. Y yo al punto de condón, como le llamamos la otra vez que su entrepierna quedó oliendo a hule, como si en todo el rato hubiéramos buscado la forma de hacer un perrito, una espada o un nuevo tipo de sombrero.
Todo iba bien, pero puede ver que todavía tengo marcada la bofetada y créame, señor, que parte de la cara me arde cuando abro la boca. Si no le hubiera dicho nada, quizá en estos momentos lo que tuviera un tono rojizo serían sus nalgas y yo estaría disfrutando de los movimientos apretados de esas piernas, ahora sí, dulces y aciditas como Sugus sabor a piña colada. Pero tenía que arruinarlo todo y quitárselo como si fuera de los normalitos. Y luego vino la queja que no pude escuchar por andar moviendo la lengua, y los brazos queriendo hacer campo entre las piernas que se cerraban, y el pulgar colocado donde me dijo que le gustaba y otra queja y un déjate querer y una cachetada que me ha dejado zumbando el oído.
Pero hay que entenderla, pues. Se había comprado para mí esta ropita que ahora traigo aquí en la bolsa, que porque quería que mi boca se entretuviera como todo un caballero, pero la verdad es que si no me apuro comienzo a decir guarradas y por eso prefiero ser rápido, golpear aquí, besar acá, jugar con su pelo y mirarla a los ojos y acomodarle una buena y vámonos, a ver la novela o a comprar tacos.
¿Todavía se me nota? Pues está fresquecita. Luego luego me vine acá a avisarle para que me ayude a manejarla como le hicimos con la otra, ahí la tengo en el carro, amarrada y puesta en el asiento de atrás como si estuviera dormidita…
Sí, señor, ella estaba desnuda en aquel momento, con luces tibias y, como leí en algún lugar, con cara de golosa y moviendo las piernas de forma invitadora. Bueno, sí, estaba cubierta con una tela delgada que cayó al suelo en cuanto entré, pero su cuerpo seguía viéndose lisito, como si otra telita estuviera tan untada que sentí cómo se desgarraba en la primera caricia, hasta esperaba que de esa rasgadura le saliera lo de adentro, rojito como granada. Y yo al punto de condón, como le llamamos la otra vez que su entrepierna quedó oliendo a hule, como si en todo el rato hubiéramos buscado la forma de hacer un perrito, una espada o un nuevo tipo de sombrero.
Todo iba bien, pero puede ver que todavía tengo marcada la bofetada y créame, señor, que parte de la cara me arde cuando abro la boca. Si no le hubiera dicho nada, quizá en estos momentos lo que tuviera un tono rojizo serían sus nalgas y yo estaría disfrutando de los movimientos apretados de esas piernas, ahora sí, dulces y aciditas como Sugus sabor a piña colada. Pero tenía que arruinarlo todo y quitárselo como si fuera de los normalitos. Y luego vino la queja que no pude escuchar por andar moviendo la lengua, y los brazos queriendo hacer campo entre las piernas que se cerraban, y el pulgar colocado donde me dijo que le gustaba y otra queja y un déjate querer y una cachetada que me ha dejado zumbando el oído.
Pero hay que entenderla, pues. Se había comprado para mí esta ropita que ahora traigo aquí en la bolsa, que porque quería que mi boca se entretuviera como todo un caballero, pero la verdad es que si no me apuro comienzo a decir guarradas y por eso prefiero ser rápido, golpear aquí, besar acá, jugar con su pelo y mirarla a los ojos y acomodarle una buena y vámonos, a ver la novela o a comprar tacos.
¿Todavía se me nota? Pues está fresquecita. Luego luego me vine acá a avisarle para que me ayude a manejarla como le hicimos con la otra, ahí la tengo en el carro, amarrada y puesta en el asiento de atrás como si estuviera dormidita…
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